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Inspiración: técnica Sashiko

Sábado, 5 de julio, 2014
Por: Patricia Ávila Luna


 

El sashiko se originó en el Japón rural durante el periodo Edo, que data de 1600 a 1800, cuando las mujeres cosían las prendas para la familia. La costura fue diseñada originalmente para fortalecer la tela, añadir parches o acolchar varias capas de tela para hacerla más resistente.

Según las leyes suntuarias de esa época, sólo los más ricos podían usar telas delicadas y colores brillantes. Los pobres usaban fibra decáñamo para hacer sus ropas y teñían las telas con índigo, un tinte extraído de una planta que supuestamente repelía insectos y serpientes y que produce un color azul muy fuerte. También las telas de lana fueron utilizadas para confeccionar prendas más térmicas utilizando una técnica muy similar al acolchado.

Originalmente, la puntada, que hoy en día conocemos como hilván, fue utilizada para unir varias capas de tela y se caracterizaba por ser pequeña y pareja, formando largas líneas simétricas. Al bordar las telas de esta manera se lograba una tela tan firme que hasta la Segunda Guerra Mundial las chaquetas de los bomberos se hacían de este modo.

Los diseños geométricos, que en principio eran puramente funcionales, empezaron a valorarse por su belleza. Ya en el siglo XIX el sashiko dejó de ser exclusivamente utilitario y comenzó a ser utilizado con fines decorativos para hacer tapices, centros de mesa, bolsos.

Debido a que era lento y difícil hacer telas y prendas de vestir, se desarrollaron diversas formas de reciclar telas y extender la vida de la ropa.  Cuando el kimono de los días festivos mostraba signos de desgaste pasaba a ser usado a diario, más tarde se utilizaba como ropa para dormir y después se aprovechaba la tela para hacer un delantal o una bolsa. Cuando las telas ya estaban muy gastadas,  se cosían juntas para hacer trapos para limpiar. Otra manera de extender la vida de una prenda era remendarla utilizando parches (cosidos con la técnica de sashiko), así se preservaba una chaqueta muy gastada o una prenda a la que se tuviera un especial apego. Los calcetines también se reforzaban en su parte inferior con sashiko.

El viernes pasado, durante el taller de bordado que organizamos este verano, las participantes estuvieron practicando esta técnica que resultó ser divertida y terapéutica. Hoy les compartimos algunas fotos del trabajo y lxs invitamos a poner manos a la obra.

 

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